Dos amores, viento y tormenta
El príncipe que empuña la espada del rayo
Apareció al alba rasgando el horizonte
Surcando el cielo a lomos de su eléctrico caballo.
Bajo sus cascos se estremece la tierra
Se tronchan los árboles
Y las montañas tiemblan.
Bajo sus cascos cabalga una tormenta
De relámpago y de trueno
De pasión fulgente e insurrecta
De ferviente y febril deseo.
Por una lágrima de tus ópalos dorados
Un millar de rubíes rojos de sangre enemiga
Por un suspiro de tus labios sonrosados
El poder de mi espada a tus pies rendida.
Y por un beso…
Látigos de acero, truenos que golpean la tierra
Más allá de la muerte el corazón llevaría vuestro recuerdo
Estandarte de amor por el que matara y muriera
Pues no hay mortal, no hay dios en el cielo
Al que por vos mi señora, por vos mi princesa
No fuera a perseguir con la fuerza de mi amor y el frío de mi acero.
Por los rescoldos que entraña el alma
Defenderé vuestro ser de la insidia,
Del mundo que nos rodea y nos amenaza
Sólo por el placer calmar la fatídica desidia
En vuestra prístina presencia reflejada.
Y los relámpagos cayeron desde el ocaso
Y el día que siguió,
Y los caballos relincharon, y los relámpagos brillaron
Abriendo la tierra en dos.
Y sobre los árboles envueltos en llamas
Sobre las muescas en la madre tierra
Palabras de un príncipe más dorado que el propio Apolo
Príncipe que guarda incólume a su dama
Sobre la codicia, la lujuria de quienes la pretendieran
Y bajo el yugo de un amor que lo vence y lo puede absolutamente todo.
(17/04/12)
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